sábado, 3 de septiembre de 2016

Todo el potencial subversivo que pueda desarrollar un individuo dentro de esta sociedad neurasténica casi nunca se traduce en una actitud revolucionaria, sino todo lo contrario. El individuo acaba proyectando el miedo sobre sí mismo a través del influjo de las fuerzas hegemónicas como la publicidad, la clase política o la religión. Una persona bulímica avergonzándose de su cuerpo por la imposición de cánones de belleza raquíticos, unx obrerx paradx asumiendo la cantinela de "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades", unx joven que reniega del placer sexual por la imposición religiosa y moral... 

Como pieza del engranaje eres mucho más rentable si limitas tus fuerzas al mero trabajo asalariado y el consumo. Muy pocos tienen la suficiente lucidez como para revertir el miedo que les han inoculado y embestir contra los cimientos de la masa pusilánime.

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