miércoles, 17 de junio de 2015

Mordiste el anzuelo de la vacua vida arquetípica
por el temor a encarrilar tu senda propia
y acabaste por abrir viejos surcos
en terrenos yermos de esperanza.

Y ahora que el incesante girar de la saeta
cava zanjas en tu frente
te consuela saber
que toda existencia humana
es un mero círculo concéntrico
sujeto al mismo eje mortal.

¿Así es más fácil soslayar la certeza
de que el verdadero sentido de la vida
es aceptar el sinsentido
de vagar en esta platea

a la espera de que el telón zanje
la improvisación sin aplausos?




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