domingo, 14 de septiembre de 2014


Los bazares chinos se frotan las manos
vendiendo coloridos trapos
mientras cínicos políticos
recurren al discurso identitario
para que su voto
sea depositado
por las masas de
encefalogramas planos
que temen quedar rezagados,
           que temen no subirse al carro.

¿Han olvidado que el mismo títere verborrágico
que se erige como defensor incansable de la democracia
es el mismo hipócrita que votó en contra
del derecho de autodeterminación
del pueblo palestino, kurdo y saharaui
mientras tendía la mano
a un miserable de su misma calaña
que bombardeaba civiles desarmados?

Que fácil es adoptar la -falsa- disconformidad mayoritaria
desde la mansedumbre del creer derribar muros
aunque sea una vez al año;
oportunismo trágico
que limpia las conciencias (cuando las hay)
llenas de mierda
a la espera de ser otra vez embotadas
por nuevas
banderas
tragicomedias
goleadas.

Mejor usa tu estelada
o tu rojigualda
para arropar al que
no tiene nada
entre tanta bondad ausentada
y que lo único que ondee
sean cometas en mañanas soleadas
al furor del viento que tumbará las alambradas.

Y si necesitas aferrarte a algo,
-buscar nuevas excusas o enfoques-,
haz del sentido autocrítico
y el bienestar ajeno
tu único norte.

Así que si vas a votar,
V-O-T-A.
Pero sé consciente del engaño;
y es que vas a ceder tu capacidad
de sujeto político
cada cuatro años
para que se
acuerden de ti
solo cuando necesiten
más
escaños.

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