sábado, 31 de diciembre de 2011

Indómito

"Tanto genio
y tan chico"
dijo el domado
alienado
tras su sueño
de ser rico.

Pues yo 

digo que
grande e
indómito

el chico
y su causa
al no
pertenecer
al cáustico
cauce
de estar
entre las
fauces
de esta
cruz
que el mundo
arrastra.

Y tú,
ojalá
caigas de bruces
en el falso
juego de luces
y, al fin,
frunzas el ceño
contigo mismo,
tu propio
dueño,
poniéndole
empeño
en darle
pleno
sentido
a tu sueño

y no el que
quisieron
venderte
e-l-l-o-s .

lunes, 26 de diciembre de 2011

¿Dejas huella?

Explotas, y piensan que de ti ya no queda nada, solo rabia escupida en frases huecas, vacías. Pero yo sé cuanto vales, alejado de sus funestos estandartes te debiste algo mejor. Y ahí estás, sin saber por qué ni cómo. Pero sigues ahí. Puro. Impecable.

No es cuestión de llevar una vida digna, ni de llegar al übermensch a base de racionalidad y escepticismo, ni de labrarte un futuro jodidamente prometedor cuando en realidad seguirás siendo un don nadie.

Lo que tienes que hacer, amigo mío, es estrechar la fina línea entre muerte y vida, de manera que cuando esta toque a su fin ni siquiera seas consciente de que ya se ha acabado.

Arrastrar del tiempo

Estas lágrimas son fruto 
del correr del tiempo,
que no perdona.

Brisa ilusa de infancia
que te alejas
de mi persona.

¿Nada tras el gesto vacío?
¿Confluir siempre en el mismo río?

Aceptar la final afrenta
ya es muestra de haber
dado pleno sentido
a la nada eterna.

¿Soldado de una utopía?

Vosotros intentad barrer para casa,
que parias lo hacen entre la mierda
y de hacia dónde ya ni hablan.

Yugo de mi conciencia,
¿me dejarás solo?
¿En esta intemperie 
de soledad entre hombres,
de olvidados sin nombre
de infancia entre escombros?

Yugo, aplástame,
para que, ya extasiado, 
recobre nuevas ansias
de cambiar el mundo,
y mi tambaleante existencia
se torne firme
al abandonar la platea
de este teatro
donde se exhibe la pelea
entre el bolsillo y el sin plato.

¿Affaire?

Mi carácter me ha podido.

Vapuleado por mi cabecita loca
siempre me he prometido
una existencia mejor.

Solo he querido
colarme entre tus bragas
a sabiendas de que 
todo acaba
en tu húmeda morada.
Pero nada más que esto;
engaño efímero.

Pero después del 
simiente
explota el anhelo
de escapar lejos,
muy lejos,
para
alejarme de las vacías 
cáscaras,
para
apaciguar el Leviatán
interno,
para 
no ser parte del 
juego de máscaras.

Eterno debate
entre
tus piernas e idealismos,
no me des pausa,
ayúdame a encontrarme
a mí mismo.

Redención minúscula

Gasto suela entre aceras sucias y conciencias vacías.
Rebusco y rebusco, pero no encuentro nada.
Y sigo aquí,
inhalando dudas,
exhalando vida.

Sin saber por qué me arrastro. 
Sin saber por qué me rijo.

Escupes al suelo por no hacerlo en tu morada,
juegas al juego en que no vales nada,
me dibujas dioses y gloria
pero no sueños rotos
mas su trazo es fino
y a mí me sabe a poco.

Elevar ideas a la máxima expresión de la nada

Hay ancianos, de bajas y ya rebajadas pensiones, que sufren la ignominia de no poder dar mejor regalo navideño a sus nietos.
Y piensas: ¿por qué?
Y te viene a la cabeza la imagen de la cría de oso huérfana por la gracia, quizá furtiva, del excelentísimo Borbón. Tampoco olvidas Hemingway y el desencadenar de un gatillo esparciendo sus premiadas vísceras por una pared. Y recuerdas jóvenes coléricos serpenteando por el distrito londinense de Clerkenwell a ritmo de Oi!. Mientras tanto, brota inconscientemente en tu memoria la imagen de un cuadro de Turner que se funde lentamente entre humo y paisaje.

El mundo enmaraña una imagen triste y confusa,
pero basta más que la lógica para desenterrar una idea.

Y ésta parece la forma más difícil de no decir nada.
O de hacer creer que eres capaz de superarlos
a ellos mismos.

Cuadratura del círculo

Me baño 
donde se bañan todos 
los autómatas 
de famélicos pensares,
también asesinos 
de retóricas existenciales. 

Y pienso: ¿otro monstruo más?
Quizás, chico, quizás.
Escupes esto y pareces redimirte,
crees escalar posiciones
en el "no decaigas".

Mas sigues abajo.

Y el mundo,
fértil en decepciones,
brinda otro amanecer
para jugar de nuevo
a este ser o no ser.

Alimentando la retórica

Mientras escucho un piano cansado, notas vacías y lentas, pienso en ello.
¿Qué hago aquí? ¿Qué harán allí?
Puede que sea otro más. Otro potencial monstruo que incluir en esta vorágine enfermiza de gloria efímera e hipocresía eterna. ¿Y por qué? ¿Por qué no escapo de esta futilidad que me atrapa? ¿Será cambiar el mundo un menester innecesario?
Me han vendido el mundo como algo increíble pero no es más que un mero espejismo. Sé que mi breve existencia supone la dolencia del otro medio mundo. Y me duele, corroe y atrapa este ser y no ser, el dejar de ser para creer ser lo que nunca será posible de alcanzar: felicidad absoluta.
¿Entonces qué? 

Sigue lloviendo sobre mojado.

Decadencia

Se me exige que sea un alumno de notable rendimiento. 
Que crea en Dios o un símil que dé sentido a mi vacía vida.
Que obedezca las pautas sociales de conducta establecidas.
Que compre lo estipulado por la frívola sociedad de consumo.
Que agrade a todo el mundo aunque sea una práctica hipócrita.
Que escuche lo dictado por discográficas que solo buscan el lucro.
Que encaje en los modelos estéticos impuestos por grandes marcas. 
Que no tome drogas de las que el Estado no saque ningún provecho.
Que no practique el sexo por mero placer pero sí haga el "amor".
Que no lea poesía de Bukowski pero sí de San Juan de la Cruz.
Que no piense más de la cuenta para ser feliz con el rebaño.
Que cumpla leyes que no favorecen el Estado de derecho. 
Que siga aceptando esta vorágine que lleva a la debacle.
Que grite apasionadamente "Gol" pero no "Revolución".
Que esté abocado a trabajar en condiciones pésimas.
Que tenga que jubilarme con 67 años, ya muy senil.
Que vote PP o PSOE y aún crea en la democracia.
Que aplauda las bodas de monarquías ilegítimas.
Que me hipoteque de por vida por un chamizo.
Que me masturbe con ídolos atractivos de TV.
Que pregunte por su renta y no su altruismo.
Que estudie a Franco pero no a Labordeta.
Que respete la opinión ajena y estúpida.
Que distinga su raza pero no su dinero.
Que diga "te quiero" sin entenderlo.
Que ame al torero y su vergüenza.
Que dé mucha prole e ingresos.
Que nunca llegue a ser algo.
Que empiece a ser nadie. 

Largo despertar

No le hables del suicidio
al joven que mastica tu falacia.
Déjale manso y con el rebaño,
preso de su propio engaño.

Que paste y paste
hasta que del empacho
se haga daño
por recorrer los años
llevando una existencia
en vano.

Y con el correr del tiempo
brotará la duda
sepultada tiempo atrás
y que en la soledad se escuda.

Para entonces el niño
será enterrado por el hombre
preso de escombros,
preso de su nombre.

Pregúntate ahora
si el que llora
es el que realmente crece
o  más bien el que se desvanece
en la nada
que, a veces,
el todo nos parece.

Final

Soleada soledad
lejana al infortunio
del correr de la edad.

¿Sabrás de tu efímera existencia?
¿Pesará tu ser sobre el suelo?
¿Creerás ser inmortal en el vitalicio duelo?

El porvenir
por venir
escupe la verdad;
pero aguarda tranquilo,
no quieras saber más...

Horror vacui

Mastúrbate con sueños de hojalata,
que yo ya no esbozo una sonrisa.
¿Mi premisa?
Ser el despertar que no avisa,
el altruismo que ya no divisas,
el cambio que urge deprisa.

Entresijos

La creciente desmesurada juventud anclada a una lágrima por segundo. Rebuscando en el disparo que desmorone cualquier futuro incierto para conseguir aclamar un poco de sí mismo antes de llegar al lecho. Pertrecho todo para la nada. Así, ardiente el deseo de ser uno mismo se difumina y acaba en un llanto silencioso que se escurre ante la gente. Quizás el precio de ser uno mismo represente demasiado daño, pero cualquier precio es poco por no ser uno más del rebaño.

Haiku I

Me deshago de mis harapos.
Y compro una botella de ron.
¿Habrá soledad todavía?

-¡BANG! (¿Final feliz?)

Joven genio 
que despunta 
apunta 
a la cabeza 
sentenciando en
final feliz.
¿Un cobarde más?
Un inconformista menos.

Enterrando la ilusión veraniega

El otoño viste de luto
y el verano decae
arrastrando sentimientos
que restarán sepultados
hasta otro despertar caluroso.
Editoriales reaparecen
con soporíferos fascículos
y alcohol y mujeres
vuelven a su cauce,
cabalmente tranquilo.
Las conciencias
empiezan su triste despertar
para volver a nuestro
largo letargo
en el que sólo somos
una ficha más.

Escoria

Policía
y militantes de ultraderecha,
mano larga,
mente estrecha.

Ostracismo para ellos,
o mejor soga al cuello,
por defender lo indefendible
y ser unos perros falderos.

Por ello hay que educar a sus hijos,
para que no acaben como su padre,
para evitar tener más chorizos,
para evitar que esta sociedad se calle.

Apátrida

España de mierda,
devota de fascistas,
contraria a la izquierda.

¿Orgulloso de tu bandera?
¿Abajo las pateras?
¿Mejor el toro que el moro?
¿Sevillanas y el "zorro"?

Brindo por algo nuevo,
toca ahora y no luego,
primero la lucha,
luego el ego,
y para entonces
ya no seréis borregos.

Nada nuevo

Nadie te coge el teléfono,
el cielo tiznado de tristeza,
la rutina sin alternativa,
el pasado como antojo,
el presente como incertidumbre.
Y un día cualquiera,
como éste,
el mundo se te precipita
garganta abajo.

Puede que esto parezca
la culminación del dolor,
pero únicamente
sigue lloviendo
sobre mojado.

No decaigas.

¿Derrotado?

Vuelvo a masticar el polvo de rutina que nunca se gasta. Otro puto día malbaratado con la misma triste sonrisa, con este disfraz de humanoide que  me queda pequeño.
El reguero de pólvora se consume y el estallido final se acerca. Pero no, yo estoy aquí, sentado, desatento a la nada, partícipe del vulgar significado del "todo" impuesto por el colectivo.
¿Seré yo?
¿Serán ellos?

Nunca lo sabré, pero siento esta inútil queja en mí como el gusano que carcome la manzana, lentamente, implacable... Contoneando al borde del abismo.
¿Y a qué he venido a nacer?
¿Nacer para morir?
¿Solo eso?
¿Irá todo en vano?

En este funesto juego solo ganan los ignorantes, aquellos que no preguntan para evitar respuestas, pero lo siento, yo soy un perdedor.

Supervivientes

Esta sociedad impuesta es el despecho
del indigente que huye del revisor del tren,
del paria que madruga para fichar en una fábrica,
del erudito que muere y no deja huella,
del joven que pregunta y no encuentra respuestas.

Pero tenemos panem et circenses,
y sobredosis de fábulas
de prometedores castillos,
que luego son esquelas,
por la gracia de un gatillo
incapaz de saciar
la eterna duda de
"¿Quién soy yo?".

Aléjate

Otro rutinario paseo.

Yo y mi soledad.

Observo furtivamente
como la muchedumbre
camina,
arrastrando su patética vida
de lado a lado en la avenida.

Masticando el polvo de rutina
que nunca se gasta.

Y nadie deja su estela,
solo el hedor a sueños de etiqueta.

¿Qué habrá sido de aquellos leones?
¿Ya no rugen?

No chico,
hoy no es un buen día
para volver a reconciliarte con el mundo.

Fugacidad

Cuando era pequeño
recuerdo largos paseos
y tardes de rodillas ensangrentadas.

Parecía no correr el tiempo
y sonreír era la única premisa.

Y ahora
lágrimas desfilan por mis surcos,
aún jóvenes,
cada noche.

Y tengo miedo.
Quizás ante la nada.
Ante la inmensidad de la muerte.

Ahora me toca apagar las luces.

Pan y Telecirco

Vivo en una sociedad de analfabetos
donde todo el mundo sabe quién es Belén Esteban
pero todos desconocen quiénes son.

Donde la masa diviniza a los estúpidos
y destierra a los mejores.

Donde la revista "¡Hola!"
es lo más leído.

Entonces alguien preguntará:
¿qué estamos haciendo mal?

Y la pregunta volverá a caer en el olvido
porque Telecinco anuncia el fin de la pausa publicitaria.

Melancohólico

Brindaré,
cuando el ser humano
se libre del yugo de la ignorancia.

Cuando empezemos a valorar
nuestra vital estancia.

Cuando la única bandera
que exista sea la del mundo.

Cuando no engañen
con falsos cielos y limbos.

Cuando se intercambien
monedas por flores.

Cuando sus paredes grises
se impregnen de colores.

Cuando dejemos nuestra conciencia vacía
por querer tener la cuenta llena.

Cuando no se le clave un arpón
a una ballena.

Pero mientras tanto
bebo a secas
para tentar al olvido
a hacer acto de presencia.

Chasco vital

La vida eyacula encima de tus hombros
y tú te habías vestido de seda para la magia.
Ni siquiera quedan ya escombros
de aquello que tú llamaste infancia. 

Vestigios de infancia

El niño crece 
y el hombre asoma.

El hombre llora 
porque el niño muere.

Quedan recuerdos,
pañuelos mojados 
antojados por la melancolía 
de antaño.
Éramos tan niños,
tan... ¿felices?

Yo y mi circunstancia

Ellos con banderas transitorias, 
yo con ánimo apátrida. 

Ellos con inteligencia exangüe, 
yo con fulgurantes principios. 

Ellos con colores vacíos, 
yo con un cerebro lleno. 

Ellos con hilos de marioneta, 
yo con nutrido inconformismo. 

Ellos sin discursos, 
yo con la palabra. 

Ellos sin mí, 
yo contra ellos

Idílico final ante la nada

Siempre he tenido el anhelo de recorrer todos los recovecos del mundo. Poquito a poco, saboreando cada esquina del globo, degustando pasito a paso el secreto que se encierra bajo mis pies; sobre y dentro de mi cabeza. 
Embriagándome de diversas culturas y peculiares formas de vida. Haciendo tambalear el pilar de la existencia ante la contemplación del inmenso cosmos; inhalando el humo contaminado o el aire puro de las entrañas de un bosque... 
Y tras el arduo esfuerzo creeré que nada ha ido en vano, y la muerte, para entonces, ya musitará el desdichado fin.

El porvenir venidero

Cuando el sentimiento aflora y el vacío estalla a uno no le queda otra que exiliarse en el olvido, en lo más recóndito del propio ser. Allí donde las lágrimas, como ríos del alma, palían los duros golpes de los entresijos de la vida. De una vida, quizás ingrata, que nunca ha intentado comprenderme. Simplemente mi naturaleza frágil y distante no encaje con el afán de vivir al máximo sin saber a qué vinimos a nacer. Y sí, es cierto, nunca encontraré una respuesta contundente ante la inmensidad de la muerte. Mas no así yo me regocijo con escupir todo de forma escrita puesto que sino estos sentimientos, quizá misántropos, acabarían por decantarme hacia el ostracismo o incluso la soga al cuello. Por eso tengo miedo a que un día me levante y ya no sepa hacer nada, que ni siquiera sepa quién soy.


Para entonces el aliento de la nada ya estará al acecho, a vísperas de la embestida de la muerte. Y uno creerá ser inmortal en los templos del recuerdo, pero al fin y al cabo, caerá tu único bastión, llamado vida; se cortará el último árbol de la faz de la Tierra y los niños dejarán de jugar en el parque. Y como grandes magnates de la mentira haremos creernos que hemos vivido bien, que hemos sido grandes incluso, que nuestro esfuerzo no ha ido en vano y que hemos conseguido vivir una vida bonita. Bonita, a ojos de un cualquiera, que observa la vida desde el caleidoscopio preestablecido; yo observo con ojos, simplemente con ojos.

Retahíla de una vida

Asomar la cabeza entre vísceras. 
Balbucear “papá” o “mamá”. 
Escribir de forma caligráfica tu nombre. 
Aprender el abecedario. 
Llenar cuadernos de indescifrables dibujos. 
Consumir interminables tardes en un parque. 
Recitar todas las tablas de multiplicar. 
Regocijarse con affaires infantiles de un día. 
Ir solo hasta la puerta del colegio. 
Estudiar por norma. 
Experimentar la libido. 
Afeitarse el mostacho. 
Dar rienda suelta a la efervescencia hormonal. 
Rebelarse contra todo. 
Achisparse de forma clandestina. 
Disfrutar del sexo. 
Embriagarse de soledad. 
Cuestionarse preguntas retóricas. 
Llorar sin preludio. 
Reír sin chispa. 
Sonreír abatido al mundo. 
Despertar cansado. 
No preguntar mucho. 
Licenciarse para no morir de hambre. 
Vagar de curro en curro. 
Ser explotado. 
Casarse con lo que se pueda. 
Hacer el “amor”. 
Comprar una casa y sus trastos. 
Pagar facturas y placebos. 
Tener hijos. 
Desvivirse por la prole. 
Cuidar el perro. 
Tapar canas. 
Perder facultades. 
Jubilarse a los 67. 
Aprender bailes de salón. 
Ver “Cine de barrio”. 
Vigilar a los nietos. 
Hojear álbumes de fotos. 
Antojarse lo de antaño. 
Arrepentirse de demasiadas cosas. 
Deambular como vestigio de un ser humano. 
Dejar de ser algo. 
Pagar el peaje a Caronte.